Hace tres años, opinando en un café de amigos, de esos que por hablar no te crucifican, explicaba que la única forma que se me ocurría de conseguir una devaluación encubierta era mediante la bajada de sueldos. La verdad es que en aquellos momentos a quien me preguntaba cómo veía la crisis le decía que “preparase un huerto” con los más allegados y que se apuntase a un curso de “cultivo de patatas”. Y tenía toda la intención el consejo.

Era sencillo el razonamiento, pues devaluar casi siempre lleva implicitas algunas consecuencias fijas. Un aumento brutal de la inflación, o sea, perdida de poder adquisitivo, y un aumento de la capacidad productiva en términos de competencia internacional. Esto se logra también mediante una bajada de sueldos. Es decir bajar la remuneración por la tarea realizada.

El problema es que en España aunque aumentemos nuestra capacidad productiva no somos exportadores natos. Nuestro tejido empresarial ha estado suficientemente ocupado atendiendo la demanda interna. Demanda que el fantástico flujo de capitales hacía crecer a un ritmo vertiginoso. Ese flujo de capitales que nuestro sistema financiero repartía a diestro y siniestro.

Es decir nos financiábamos desde el exterior y construimos un modelo económico basado en la fortaleza de la demanda interna, y no todo era construcción. Era un circulo vicioso, una rueda que más valía que no dejase de girar.

Además para terminar de rematar la faena se sazonaba todo con una “economía institucional” voraz que consumía, todavía lo hace, al mismo ritmo que la “alegría” se extendía en todos los niveles sociales. Que demonios, al mismo tiempo que los niveles sociales subían su umbral de entrada cada vez con mayor descaro y sin embargo contaban con más participantes. La maravillosa clase media que se extendía sin mayor esfuerzo por todo el territorio de este estado “multinacional”. Una economía institucional cuya estructura no correspondía a un modelo sostenible, ni de lejos. Donde los costes fijos cada vez se cubrían en mayor medida con ingresos variables, los evaluase quien los evaluase. Donde el modelo permite ineficacia, no digamos ya intentar la eficiencia.
Pero como cualquier error o divergencia entre lo que se hacía y el sentido común se “cubría” con financiación, pues nada, como se suele decir: “ancha es Castilla” y demás autonomías, por si acaso.

Desde luego es absurdo pensar que debíamos renunciar a una situación idílica como la que tuvimos. Pero era menester controlarla para que no terminara convirtiéndose en Sodoma y Gomorra, como así fué.

El legado, una deuda externa de un tamaño fantástico. Sí señores sí, una deuda brutal conformada por las pequeñas o medianas deudas de cada uno de los participantes del mercado, es decir nosotros. Una deuda que no se puede corregir con el mismo manejo de tiempos que exige una reestructuración del modelo económico y productivo de un país, de una sociedad.

¿Qué podemos hacer entonces? Y más que la pregunta, debería ser casi una afirmación. ¿Qué tendremos que hacer entonces?
Pues no queda otro remedio que “apechugar” y esperar que funcione un mecanismo muy sencillo. Se ejecuta a nivel micro y tiene importantes consecuencias a nivel macro.
Trabajar a fondo perdido. Sí, tal y como lo leen ustedes, TRABAJAR A FONDO PERDIDO.
Una vez que lo que consideramos “nivel básico de vida” esté estabilizado y sea adecuado a la realidad actual, una vez que muchos valores vuelvan a tener la importancia que deben en una sociedad equilibrada, entonces descubriremos, o tal vez ni nos percatemos, que podemos producir TODOS más de lo que cuesta mantener nuestro nivel básico.
Y ese excedente de producción es el que proveemos a fondo perdido para sanear la situación actual. Y probablemente nos tocará hacerlo a marchas forzadas.

Todo esto es un punto de vista desde la lógica más simple y tras observar las dinámicas que empiezan a ser comunes en la sociedad. Gracias al cielo.

El problema es que seguro que ese “fondo perdido” no será provisto en la misma medida relativa por todos. Como casi siempre tocará arrimar el hombro, esforzarse y sacrificarse, aún viendo como alrededor muchos son los que seguirán echando balones fuera, culpando a otros de una situación que hemos generado entre todos, pero que ellos no están dispuestos a ayudar a corregir. Casi siempre te dirán que forman parte de una ideología caracterizada por la solidaridad, y además se lo creen, pero lo hacen porque sólo consideran la solidaridad de los demás.

Veremos si es posible que este camino sea parte de la solución, no obstante es una simple táctica, no resuelve el problema estratégico de nuestra economía y ese es un tema de suma importancia.

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3 Responses to Trabajar a fondo perdido

  1. mariaserben says:

    Me ha encantado lo de “opinando en un café de amigos, de esos que por hablar no te crucifican”. En este país da miedo pensar de forma diferente a la masa, parece que algunas cosas haya que decirlas a escondidas y cuida no te oigan…

  2. Alex says:

    De hecho ya estamos trabajando a fondo perdido, facturas que serán imposibles de cobrar, la administración pagando con suelos y promesas de licencias, grandes contratistas que ahogan a 180 días alargados con artificios hasta la imposibilidad de estar al corriente de obligaciones y por lo tanto cierre y de rositas para los grandes.

    Una sociedad sindicada y una democracia secuestrada por unos políticos (clase) que siguen endeudando, ya a nuestros nietos, y que lo hacen para gastarlo en convencernos de que les volvamos a votar.

  3. juan royo says:

    El problema del polizón (del inglés free rider problem), …

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