En el entorno digital, los modelos de negocio no pueden diseñarse como antes. En este entorno, en constante evolución, la capacidad de interacción y la falta de control sobre el cliente es absoluta.

Por eso es preciso cambiar el enfoque para conseguir resultados efectivos y para eso podemos empezar con otra forma de plantear algunos aspectos relacionados con nuestro modelo, asociándole utilidades concretas. Obviamente sin perder de vista el cuidado de todos los aspectos inherentes a un modelo digamos “tradicional”.

Para conseguir este nuevo enfoque podemos centrarnos en:

1. Situaciones: en las que el cliente precisa de la interacción con nuestra marca. El perfil cambia mucho dependiendo de las situaciones.

2. Condicionantes: que potencian o limitan la capacidad de nuestros clientes en esas situaciones. Producen una segmentación importante.

3. Razones: lógicas del cliente cuando se desenvuelve en el entorno digital.  Es preciso entender las dinámicas que espera para proporcionar una propuesta que no sea excesivamente sofisticada o demasiado simple. Las modelos ahora necesitan efectividad cómo parte de la propuesta que realizan.

4. Valores: importantes como siempre que siguen siendo el “núcleo” de nuestra marca y han de estar integrados en todos los procesos.

Es preciso trabajar para que la utilidad, disponibilidad y efectividad sean máximas en nuestro modelo de negocio o realizar los cambios necesarios para mejorar.

En el mercado existen diversos perfiles según la situación, los condicionantes y su lógica o sentimientos. Enfocar un modelo de negocio pensando en estos cuatro aspectos, relacionados entre si, es una de las formas de conseguir propuestas de valor que nos distingan y al mismo tiempo nos permitan ser competitivos.

 

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