Pretender que el espíritu emprendedor sea uno de los pilares sobre los que se asiente la recuperación económica es un asunto complicado.

De entrada los espíritus no son algo que se pueda activar rápidamente y ahora necesitamos medidas de impacto además de una visión a largo plazo donde potenciar el espíritu emprendedor sea un objetivo claro. Pero no está nada claro que podamos superar las enormes barreras estructurales y culturales que existen.

Sobre las estructurales no merece la pena hablar porque ya se hace y mucho.

En cambio existen también barreras culturales como la aversión al riesgo, al compromiso y al sacrificio y la fantástica costumbre de envidiar y denostar al que triunfa, que forman parte de nuestro ADN social.

Por no hablar de la propia cultura y educación, sobre la que es más sencillo actuar y que actualmente no están estrucutradas para crear una sociedad moderna competitiva. Seguimos potenciando una cultura humanística, literaria y artística, cuando lo que se precisa es una sociedad más científica, más analítica, preparada para el entorno en el que nos estamos situando. Un entorno donde el bienestar se mantendrá gracias a avances técnico y tecnológicos.

Es fácil entender que son las ciencias las que en este momento aportan unos conocimientos que permite avanzar económicamente a las sociedades. Alemania no pide personas cultas, pide perfiles científicos.

Y por favor no me salgan con que la “cultura” potencia que las personas sean educadas, porque me cuesta encontrar científicos que no sean educados como el que mas.  En este momento necesitamos un espíritu más analítico y menos pasional en este país si queremos vivir en mejores condiciones materiales, si queremos que el espíritu emprendedor sea viable. Lo que sucede es que como latinos y mediterráneos que somos será difícil.

 

 

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