Son muchas las bromas que se realizan sobre “la prima del tal “riesgo” pero es importante saber qué es lo que supone, qué significa y cómo nos afecta en el día a día, que por desgracia es lo más importante para el ciudadano y las empresas.

No es conveniente entrar a valorar el porqué “nuestra prima” anda despendolada, porque las connotaciones políticas lo desaconsejan, pero si es imprescindible entender el efecto que tiene.

Partamos de las siguientes normas básicas. Los bancos prestan el dinero que tienen disponible y el que pueden tomar prestado de otras “entidades”. Para que usted y esas otras “entidades” les permitamos gestionar nuestro dinero les vamos a pedir que lo distribuyan de forma consecuente. Es decir que no se lo presten al primer “personaje” que pase por la puerta, de hecho nosotros tampoco lo haríamos, seamos honestos.

Pues bien, resulta que los personajes que están pidiendo prestamos los podemos dividir en cuatro grandes bloques, son más pero no vamos a liarnos ya al principio. Tenemos a los estados, las grandes corporaciones, las empresas (pymes) y los ciudadanos. La cuestión es que este es el orden de solvencia que se supone como el más correcto, a pesar de que ahora ciertas entidades de gestión empiezan a considerar que en algunos casos las grandes corporaciones son más fiables que algunos estados. Y puede que no vayan desencaminados.

Ahora, vamos con la segunda norma básica, cuando más arriesgada es la operación, o sea cuando más riesgo vamos a correr, más intereses pediremos.

Y aquí es donde la liamos parda. Veamos sólo algunas de las consecuencias.

El estado es el más solvente y actualmente por un préstamo a 10 años (Véase bono a 10 años) está pagando el 6,37% de interés. Empezamos ahora a bajar escalones, llegan Telefónica y Repsol (como ejemplo de corporaciones) a quienes usted y yo les prestaríamos dinero con una gran tranquilidad y pongamos que les exigimos un poco más, tal vez el 7,3%, y soy generoso por aquello de que dan casi tanta seguridad como el estado en estos momentos XD.

El asunto se dispara cuando el que nos pide el préstamo es una empresa, una pyme. Y no te digo nada si es un particular que normalmente tiene como garantía algo que nadie quiere en este momento, como es un inmueble. Entonces lo usual es que le pidiésemos un 10% para empezar a hablar.

Pero no sólo se trata de prestar con un interés cada vez más alto sino que conforme sube el nivel de riesgo de cada bloque el porcentaje que se le puede prestar al bloque en conjunto es menor, por aquello de mantener una cartera de prestamos equilibrada. Es decir que a las empresas y ciudadanos se les puede prestar poco y a la vez muy caro, porque la “prima de riesgo” está muy buena.

Si a eso le añadimos que conozco pocas empresas que puedan sacar una rentabilidad de más del 10% a las inversiones realizadas en el entorno competitivo actual y que pocas son las personas (solventes) que van a pagar 79,29 euros por cada 6.000 euros de préstamo, si es que se lo concedemos a 10 años, entonces entenderemos cual es el verdadero impacto de una prima de riesgo como la que tenemos en nuestro día a día.

Ahora multipliquen este efecto en la escala que se le supone a un país, con todas sus empresas y ciudadanos y entenderán las dificultades a las que nos estamos enfrentando. Desde luego nuestra competitividad queda gravemente dañada y la activación de nuestro mercado interno es casi imposible.

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