Deberían ustedes empezar a plantearse que una marca no puede depender de lo que quieren los clientes.

El propósito de una marca es batir al mercado. Ni más ni menos. No se puede perder el tiempo tratando de atender todo lo que les van a proponer aquellos que quieren opinar.

Aceptar que no todo el mundo es nuestro cliente es el primer paso para construir una marca potente. Una marca que ante todo es nuestra.
Aquellos que la aceptan serán nuestros clientes principales. Aquellos que se sientan identificados serán nuestros apóstoles.

El resto es perder el tiempo y comprometer recursos muy valiosos.

 

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