¿Qué diferencia a un líder de un buen gestor? Entre muchas otras cosas, cada cuál más bella (nótese el tono irónico) la principal es que liderar consiste en establecer prioridades, siendo conscientes de que se solemos enfrentarnos a juegos de azar. A procesos aleatorios. Conocedores de que lo único cierto es que el resultado es incierto.

Pero un líder no sólo establece prioridades, eso es fácil y suele dar lugar a muchas ocurrencias y planteamientos bonitos. Un líder tiene que asignar recursos y arriesgar según sus prioridades  sin estar seguro de cuál será el retorno.

Provocando limitaciones en lo que otros considerarían como prioritario. Unas prioridades imposibilitarán otras, bien por falta de recursos o por no crear contradicciones. Y el líder lo sabe.

Sólo cuando se asignan y se arriesgan los recursos se establece el liderazgo. Y el liderazgo basado en prioridades tiene que ser consciente de que es absurdo pensar en priorizar aquello que es necesario hacer. Priorizar supone ponderar la importancia de unas opciones sobre otras y las necesarias no precisan de evaluación. Simplemente han de llevarse a cabo.

Un buen líder considera aceptable pensar en priorizar opciones posibles e incluso aquellas que no lo son o no lo parecen. Y lo hace porque sabe que lo importante es saber cuándo es suficiente.

Porque al fin y al cabo las prioridades se pueden cambiar. Una labor tan ardua como establecerlas. Ya sabemos que abandonar es más complicado que comenzar, sobre todo cuando ya nos ha costado recursos.

 

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